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Rusia: menos deficit y más crecimiento en 2011

El título no da para otra cosa que envidiarlo. En un país como España, con el déficit por las nubes y perspectivas de mantenimiento de la recesión para los próximos años, saber que a Rusia la espera un 2011 con la casi desaparición del déficit fiscal y un crecimiento del 4% provoca una sana envidia.

En la conferencia anual del Instituto Adam Smith de Londres, los viceministros de de Finanzas y de Economía de Rusia, más el vicepresidente del Banco Central de Rusia hablaron sobre cuestiones bancarias y brindaron un amplio panorama para el 2011 en Rusia.

Mientras que la mayoría de los países desarrollados se encuentran muy presionados por las descomunales deudas públicas y los abultados déficits fiscales, Rusia ostenta la mejor relación deuda-PBI de todos los grandes países del mundo. Incluso, un reciente informe de Goldman Sachs asevera que en el 2011 Rusia podría hasta eliminar el déficit y que su crecimiento económico será un más que saludable 4% como mínimo en los próximos años.

Sin embargo, según dice el periódico Rossiykaya Gazeta, de Rusia, no todas son flores para el gigante euroasiático. El país -siempre según los analistas del periódico- está condenado a sufrir un incesante ciclo de expansion y contracción a menos que haya un cambio radical en la estructura de su economía.

El problema es que, si bien el gasto público elevado mantiene el consumo, Rusia quedará atrapada en una “trampa de devaluación periódica”, típica en las economías que dependen de la venta de productos básicos. Y como todos sabemos, Rusia es un gran exportador de energía, ya sea a través del gas o del petróleo, entre otras materias primas.

¿Cual es esa trampa de la devaluación periódica? El concepto es bien simple: en una economía como la rusa, donde las importaciones crecen a pasos agigantados (como dijo alguna vez un ministro de economía de alguna nación latinoamericana, las importaciones suben por ascensor mientras que las exportaciones por escalera), el déficit de cuenta corriente crece y podría afectar el valor de la moneda, forzando una nueva racha de devaluación del rublo para equiparar la cuenta.

Según analistas rusos, en 2011 se notará un estancamiento del enorme consumo interno, no por una pérdida del poder adquisitivo o la falta de crédito (problemas que no tiene Rusia en la actualidad), sino por un cambio en la conducta de los consumidores, que se espera que fomenten el ahorro familiar. Asimismo, la inversion se ha recuperado, pero como suele suceder, las empresas públicas llevan la delantera y las privadas languidecen.

Entre las buenas noticias encontarmos a un sólido sistema bancario, con guarismos de créditos incobrables y coeficientes de garantías y de liquidez en valores óptimos. El crédito se reactiva y los bancos privados crecen más rápido que los gigantes estatales.

La crisis le ha servido mucho a Rusia, cuyos gobernantes se han dado cuenta del cambio que necesitan para salir de una nación dependiente de los productos básicos para transformarse en una nación desarrollada. Por lo pronto, ese es el objetivo del proyecto de modernización que lleva adelante su presidente Dimitri Medvedev.

La oportunidad es ahora. El Kremlin sabe que está en un momento único para efectuar este cambio radical que los llevara directo al “Primer Mundo”

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