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Aprovechar bien las tarjetas de crédito en la vuelta al cole

La vuelta al cole en septiembre es uno de esos momentos del año en los que se debe apurar el gasto y utilizar con cabeza las herramientas financieras. Un buen ejemplo es el aprovechamiento que podemos obtener de las tarjetas de crédito.

APROVECHAR TARJETAS DE CREDITO

Las tarjetas de crédito son productos financieros concebidos con fines muy claros, cuando nos atenemos a dichos fines la tarjeta puede resultar muy útil y ser aprovechada al máximo de sus posibilidades, sin embargo, cuando nos excedemos en las posibilidades que brindan pueden llegar a ser un gran enemigo de nuestras finanzas personales.

Queda claro que en un mes como septiembre, para las familias con hijos, se disparan los gastos relacionados con la vuelta al cole. Son gastos que, aún previstos, siempre suponen un pequeño (o gran) terremoto en la economía doméstica. Las tarjetas de credito pueden ser una buena solución para paliar el efecto del aumento de gasto, pero, hay que partir de algunos elementos de análisis que no siempre tenemos en cuenta.

Y es que no todas las tarjetas funcionan del mismo modo o los ofrecen las mismas prestaciones, esto lleva a varias conclusiones, por un lado la conveniencia de aplicar una política de uso de las tarjetas racional que haga que aprovechamos al máximo sus prestaciones, mientras que, por otro lado, a no contratar ni más tarjetas de las necesarias ni aquellas que realmente no resulten acordes al funcionamiento cotidiano de nuestras finanzas.

Distinguir las diferencias entre tarjetas bancarias

Cuando vamos a realizar la contratación de una tarjeta, nos da igual que sea de crédito o débito, debemos tener en cuenta siempre en primer lugar nuestras preferencias de uso para dicha tarjeta. Esto es muy importante ya que no siempre lo hacemos así, la tentación de las promociones y ofertas comerciales de la banca en relación a las tarjetas hace que en muchas ocasiones contratemos este producto de manera irreflexiva, simplemente porque se nos propone una bonificación, una retirada de comisiones durante un periodo de tiempo o una aplicación de intereses parcial menor.

Contratar una tarjeta simplemente por el aspecto promocional puede ser una idea nefasta ya que no tiene por qué acomodarse a nuestras necesidades reales. Así que, el primer punto clave es analizar a fondo las condiciones generales del producto que se nos ofrece. Ver si se trataba tarjeta que responde a nuestro criterio de uso, si la usamos más para pagos o para disposiciones en metálico, si necesitamos aplazamientos a medio plazo, etcétera…

Por otro lado no debes olvidar que, del mismo modo que ocurre con determinados seguros o productos de ahorro como los planes de pensiones, las tarjetas de crédito fundamentalmente, se ofrecen como herramienta complementaria a la contratación de otros productos, por ejemplo cuantas nómina. Estas ofertas pueden ser interesantes cuando buscamos realmente ese conjunto de productos, pero ocurre lo mismo que cuando nos dejamos guiar solamente por la propuesta comercial, no tiene por qué ser necesariamente la mejor tarjeta para nuestro bolsillo.

Qué son y cómo funcionan los fondos de inversión mixtos, te lo mostramos aquí

TARJETAS DE CRÉDITO

¿Cuántas tarjetas debes tener?

Esta es una cuestión muy importante y a la que no siempre se presta mucha atención. En general se asocia a tener muchas tarjetas con una especie de sensación de bienestar financiero, y nada más lejos de la realidad. Efectivamente para quienes tienen mucho dinero tener varios tarjetas de crédito puede ser una opción, pero, fíjate cómo las mejores tarjetas del mundo pugnan entre sí por competir añadiendo la mayor cantidad de servicios, quieren convertirse en una tarjeta única para sus clientes.

Y es que realmente, en una economía financiera personal saneada, no es necesario poseer un gran número de tarjetas ni mucho menos. Cada vez son más quienes se dan cuenta que se puede vivir perfectamente con una gestión basada en un pequeño número de tarjetas, incluso más allá, cada vez son más personas quienes buscan reducir el uso de una herramienta que, aun siendo útil, puede resultar cara.

En un curso básico de las tarjetas, cuando buscamos racionalizar al máximo la presencia este producto en nuestra cartera de productos financieros, tendría que ser suficiente poseyendo las siguientes tarjetas:

  • Una tarjeta de crédito
  • Una tarjeta de debito
  • Una tarjeta prepago/virtual

Dentro de este esquema de tarjetas, la tarjeta de crédito se utilizaría para los pagos aplazados como herramienta de financiación a corto plazo, la tarjeta de débito se utilizaría para los pagos cotidianos contra el disponible en nuestras cuentas y la tarjeta virtual o prepago se utilizaría para las compras a través de Internet, o, incluso, para un mayor control del gasto durante determinados momentos del mes utilizando sólo los saldos pre cargados.

Este es un modelo muy básico de uso de las tarjetas de crédito, un modelo que bien llevado puede ser muy racional ya que aprovechamos las principales ventajas de cada uno de los productos y eludimos sus defectos.

En el caso de la tarjeta de crédito buscaríamos aquella que nos proponga un aplazamiento de pago sin intereses a corto plazo. Estas tarjetas nos permiten aplazar pagos a dos o tres meses en el mejor de los casos sin coste añadido, en el peor de los casos con la aplicación de interés. Se trata de buscar la mejor oferta obviamente.

Ahora bien, puede haber quién necesita un mayor uso de la tarjeta y entiende que con esa configuración básica no es suficiente. Es cierto que a partir de poseer una buena tarjeta de crédito, se pueden buscar configuraciones más amplias en las especializaciones de tarjetas, especializaciones a las que podemos sacar partido obteniendo un mayor beneficio esta herramienta financiera.

Esta sería otra configuración más compleja del uso de las tarjetas:

  • Una tarjeta de crédito
  • Una tarjeta con descuentos/fidelización
  • Una tarjeta de pago aplazado
  • Una tarjeta de debito
  • Una tarjeta prepago/virtual

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De esta manera vamos definiendo las propias especialidades de cada tarjeta. La tarjeta de débito y la tarjeta prepago siguen cumpliendo su función es igual que el anterior configuración. Sin embargo, cuando utilizamos tarjetas de descuento y tarjetas especializadas en el pago aplazado, tenemos mucha más disponibilidad para las compras aplazadas y los descuentos que únicamente con una sola tarjeta de crédito.

Las tarjetas de descuento, además de determinadas ventajas añadidas, nos van a permitir obtener descuentos en determinadas compras, por ejemplo, las tarjetas de descuento gasolina son muy interesantes para quienes hacen un gasto elevado de combustible. Este descuento no siempre está presente ni mucho menos en las tarjetas de crédito estándar, y puede ser aprovechado perfectamente para obtener un ahorro notable por parte del usuario.

Por otro lado, las tarjetas de pago aplazado, como tal, suelen ofrecer condiciones muy superiores para el pago aplazado que las tarjetas de crédito al uso. Estas condiciones suelen tener en primer lugar periodos cortos de tiempo, sobre un mes, para el aplazamiento sin intereses, pero, para los intereses a plazo medio suele aplicar tasas más bajas que las tarjetas de crédito normales.

De esta manera tendríamos una configuración en la que la tarjeta de crédito realmente utilizará su función de apoyo, que es para lo que debiéramos usarla en todos los casos, es decir, para importes cortos de gastos no previstos y nunca para disposición en efectivo, sino a crédito a corto plazo. Hay que recordar que los intereses de las tarjetas son muy superiores generalmente a la financiación de la mayoría de productos de financiación salvo los créditos rápidos.

La tendencia a acumular tarjetas de crédito no es una buena idea. No sólo por los costes que puede llegar a suponer sino porque un uso masivo incontrolado de las tarjetas puede acabar resultando un auténtico desastre para rostro bolsillo.

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